sábado, 25 de agosto de 2018

Manolito deja la manuela (fragmento)

Por Cattus Eroticus

Y entonces Manolito pensó si de tanto correrse la paja no terminaría un día con la pichula en la mano, arrancada del cuerpo sin querer. La sola idea turbó a Manolito a tal punto que esa noche soñó que su pichulita se le escapaba. Él iba tras ella y ésta lo llevaba hacia una chica, cuyo rostro aparecía difuminado frente a él. 

La pichula le hablaba y le hablaba, pero él no la entendía. Sabía que intentaba decirle algo con sus movimientos y él lo único que quería era que volviera lo más rápido junto a sus testículos. Manolito se preguntaba si acaso su pichula se había rebelado contra el machismo imperante, si tenía la homosexualidad reprimida, si de tanta paja ya se estaba quedando bruto y había perdido la noción de la realidad.

Quería comentárselo al cura, pero lo acusaría de pecador. Quería comentárselo al psicólogo, pero lo juzgaría de loco. Quería comentárselo a su mejor amiga, pero lo acusaría de enfermo. Sus compañeros ni hablar, estaban en otra. Así que solo quedaba hablar con el tutor, pero andaba tan entretenido con la nueva profesora que había llegado al colegio que mejor ni tocarle el tema.

Fue en esos días de angustia que Manolito conoció a aquella mujer y por esos misterios de la vida dejó de masturbarse, atento al movimiento de su pichula que se proyectaba de improviso ante la presencia de aquella chica cuya vibra lo atraía hasta el vértigo, porque la honorable dama había visto algo en él que no había visto en ningún otro hombre hasta el momento (y no era la pichula por cierto, sino ese algo que los hombres nunca ven por andar pensando huevadas y tener la cabeza siempre en otra parte). 

Aquella primera noche de muchas noches, el rostro que aparecía difuminado cobraría vida para empezarle a instruir en las más ardientes fantasías.


2011

martes, 7 de agosto de 2018

Preliminares al Evangelio según Magdita (fragmento)

Por Cattus Eroticus

Cuando despertó el dinosaurio no estaba allí sino la imagen de Cristo calato bajando de la cruz, con el peludo pajarillo bailándole para mitigar sus tímidas ansias de sexo. 

Mientras ella le preguntaba por qué siendo el hombre, el enviado, el elegido de Dios Padre, la Biblia no tenía ni una sola página donde se hablara de sexo o de cómo cuidarse ante las arremetidas de curas aguantados y de obispos mañosones.

Jesús la miraba con ternura mientras le acariciaba los pezones, untaba su cuerpo con miel y bajaba hasta la cavidad de su entrepierna donde haría el milagro de la multiplicación de los pescados. Y vaya que olía a mar infinito allí dentro, donde ola tras ola, Jesús repetía a sus discípulos: "¡Tened fe!", para que ellos tuvieran la capacidad necesaria de aguantar lo más que puedan, que pronto vendría el espíritu santo a elevarlos a los cielos.

Y vaya usted a saber cuantos versículos más se escribieron aquella noche en que un nuevo evangelio nacía de los sueños de la pequeña Magdita, aquella dulce monjita que un día llegó para entregar su vida al servicio de Cristo,  -"por Dios que mañana la Madre Superiora no me creerá, dirá que lo he tentado el demonio por andar durmiendo calata, a lo mejor hasta me mandan quemar como en los viejos tiempos y es que ya una no tiene derecho ni siquiera a una pajita por piedad". 

2011

Vacaciones In-olvidables

Por Agnes Caitar La última noche que estuve con él en Piura, decidimos ir a bailar. Iniciaba una gran despedida. Durante dos seman...