Por Agnes Caitar
La última noche que estuve con él en Piura, decidimos ir a
bailar. Iniciaba una gran despedida.
Durante dos semanas conocí a muchos amigos de otras ciudades que me
invitaron a visitarlos. Habían sido unas vacaciones increíbles.
Después de amanecernos en la discoteca, llegamos a su hotel. Él se acercó al bar y pidió un whiskey. Cuando terminó, estábamos listos para ir a su
habitación.
Decidí ir al baño para arreglarme el babydoll, pero algo olía muy feo. Empecé
a buscar de dónde venía el fétido aroma.
El horror me sacó de la resaca en un segundo. Detrás de la cortina había un cuerpo sangrando dentro de la ducha.
Octubre de 2019