jueves, 30 de abril de 2020

Vacaciones In-olvidables

Por Agnes Caitar


La última noche que estuve con él en Piura, decidimos ir a bailar. Iniciaba una gran despedida.

Durante dos semanas conocí a muchos amigos de otras ciudades que me invitaron a visitarlos. Habían sido unas vacaciones increíbles.

Después de amanecernos en la discoteca, llegamos a su hotel. Él se acercó al bar y pidió un whiskey. Cuando terminó, estábamos listos para ir a su habitación.

Decidí ir al baño para arreglarme el babydoll, pero algo olía muy feo. Empecé a buscar de dónde venía el fétido aroma.

El horror me sacó de la resaca en un segundo. Detrás de la cortina había un cuerpo sangrando dentro de la ducha.

Octubre de 2019



Fin de la historia

Por Agnes Caitar


Aquella mañana desperté con mucho sueño, me la había pegado toda la noche viendo Netflix para inspirarme. Sin embargo, no sirvió de nada. Tenía que entregar mi artículo para la revista ese martes a mediodía. Estaba muy nerviosa, eso definiría mi permanencia en el periódico.

Prendí la cafetera porque necesitaba algo que me despertara y tomé una ducha previa para estar fresca.

Eran las 7:00 am y no había mucha bulla, a excepción de un par de personas caminando en la calle. Ni el gallo de la abuela molestaba.

Yo pasé mucho tiempo investigando acerca de Barranco, sus casonas y el tranvía que aún permanece en la avenida Pedro de Osma, pero no encontraba la forma de contarlo, nada que pareciera muy atractivo al nuevo público que solo lee cinco minutos en la web. Necesitaba algo mucho más real, no mis historias de novela dramáticas ni policíacas.

Estaba en la mitad del artículo cuando empezó a cacarear el puto animal. No podía creerlo, eran las 10:00am., no las 5:00am ni las 6:00am. No se supone que ellos hacen eso solo cuando inicia el día. No dejaba de hacerlo. Me empezó a aturdir. Dejé de escribir y me paré a verlo.

En el jardín de la abuela había muchas frutas, pero no veía la comida de la mascota. Busqué en la cocina y encontré maíz. Fui a dejársela. No comía, lo puse a su lado y también le puse agua.

Puse más café para tranquilizarme. Me puse algodón en las orejas para concentrarme y poco a poco pude seguir con la historia.

Me fijé la hora y eran las 11a.m. Leí la nota y no me gustaba, la horrible ave no se callaba. Lloré. Si no lo termino, me quedaré sin trabajo y no podría demostrar que tengo experiencia escribiendo.

Salí y siguió con su barullo. ¿Cómo lo callo? ¿Cómo se le hace dormir a una criatura tan fastidiosa?
Busqué entre las cosas de limpieza de la casa. Ahí estaba el sobrecito que necesitaba. Lo diluí en el agua y lo dejé en el piso junto a la comida.

Me senté. Respiré e intenté escribir de nuevo. Estaba terminando la chamba. Volví a leer.  Me gustaba. Creo que terminé. Eran las 12:10 p.m. Lo envié por email. No creo que me lo rechacen por haberme pasado diez minutos.

No podía creerlo. Por fin terminé con mi historia y con la del gallo también.

Septiembre de 2019

miércoles, 22 de abril de 2020

El instrumento sorpresa

Por Agnes Caitar


Jamás pensé que me quedaría con el chico que solo usaba para manosearme en la última butaca del cine. Estaba enamorada de ese idiota que fantaseaba en la cama siempre con cosas peligrosas.

La otra noche sacó una navaja para intentar asustarme. Fue un huevón, pero cómo me arrechó eso. A veces lo retaba a tentar con otras ideas. Será poco a poco, decía. No pensé que podría ir más allá. Me impresionó.

Después de llegar del cumple de mi mejor amiga empezamos a tirar de manera frenética. No estábamos tan borrachos. Me pidió sexo anal y lo hicimos. Esta vez será con algo más, dijo. Desempacó una trompeta. Quedé muda y después de un rato empecé a jugar. Se asustó y yo dije: ¡qué rico!

Septiembre de 2019

Doctor Cuchillo

Por Agnes Caitar



-Doctor ¿tiene los resultados de mi ecografía?

-Por favor diosito, que me diga que es cualquier cosa menos un embarazo. ¿Cómo se lo diría a mi madre? Ella me cree la más señorita de todas las primas, soy su reinita, me tiene en un pedestal.

Seguí creyendo que era católica y rezando a todos los santos que no conozco hasta que me hicieron pasar a su consultorio. Tenía que ser algo grave. Me cagué ¿por qué no me dio los resultados y ya? Me voy a morir, es algo incurable. Carajo, por qué me martirizo.

-¿Señorita me escucha?

-Sí, doctor. Dígame.

Usted tiene dos meses de embarazo. Imagino que por su edad no puedo felicitarla, pero le recomendaré una dirección solo para usted. Recuerde que conozco a su madre. Le ruego confidencialidad.

-Putamadre. Ahora sí debo pensar en que puedo morir en cualquier consultorio clandestino mientras me practiquen el aborto que necesito tener antes que a mi madre le diera un infarto.

Era jueves y llegué al consultorio. Parecía una clínica dental. Me atendió una linda chica y luego me pidió que me sacara toda la ropa, enseguida venía el doctor.

-Todo listo doctor- dijo la joven.

-Buenas tardes Emma.

Mierda era el mismo doctor de ayer. Por lo menos no me voy a morir hoy por un mal corte de cuchillo, pensé.

Septiembre de 2019

martes, 21 de abril de 2020

La hermanita

Por Agnes Caitar


El condón se rompió y buscamos otro. Todo en su cuarto estaba hecho un asco. No podía encontrar nada. Mi botella de agua estaba al lado de sus papeles con moco y una guitarra vieja llena de cucarachas.

A pesar del romance largo que tuvimos, ya no quería estar con él. Me atraía mucho su cuerpo creado en base a sesiones de pesas y mancuernas. Pero ese día me decidí. Tenía que contarle la verdad que él no quería reconocer: me gustaba su hermana y ella alguna vez respondió. Era una diosa y la deseaba más que a él.

Llegó el día.

Nos fuimos a cenar y empecé a contarle todos mis planes inmediatos y terminé con la frase: la vida es una sola y debemos arriesgarnos. No me escuchaba, ya habíamos ordenado y cuando el mozo terminó de dejar la comida, cerré los ojos y le dije ¡me tiré a tu hermana!

Octubre 2019


Amores perros

Por Agnes Caitar


El perro de mi vecina solía salir con bozal. «Es pitbull, no debería vivir en el condominio» - decía mi tío M. Yo estaba cansada de ese animalote porque asustaba a todos los hombres que venían a mi cuarto, era como si intuyera que a todos me los iba a tirar. 

La noche pasada fui a caminar con J, estuvimos hablando de relatos fantásticos, del sueño de ser escritores y hasta inventamos un cuento. Fue toda una cita romántica. No imaginó los juegos que tenía en mente. 

Cuando llegamos a mi casa el puto can empezó a ladrar. Le dije que no le prestara atención y entramos a mi cuarto, le pedí que se ponga cómodo; yo usaría una peluca y un traje negro. Empecé con un baile, hasta me puse a cantar. Él estaba muy relajado y supe que era el momento. 

Me metí por la ventana de la vecina y le saqué el bozal al perro. Volvió a ladrar y le tiré un filete de carne. Se calló. Él sabía que se lo devolvería, siempre supo que teníamos un secreto.

Octubre 2019

Vacaciones In-olvidables

Por Agnes Caitar La última noche que estuve con él en Piura, decidimos ir a bailar. Iniciaba una gran despedida. Durante dos seman...