jueves, 19 de julio de 2018

El vuelo de la mariposa

Por Cattus Eroticus

Ella está de pie, a unos pasos frente a él. Ambos se miran fijamente. Ambos están desnudos. Hay un silencio. Los lacios cabellos de ella se agitan suavemente con un leve movimiento. No sabe que él le dobla la edad, pero eso no importa. Lo importante es observarse uno a otro, contemplar con sinceridad cada cuerpo y sostener la mirada. 

El poeta permanece quieto, sintiendo aquellos pechos que lo miran, atento a esos ojos que lo atraviesan. De pronto, él ya no está allí. Los pequeños taburetes donde solía colocar sus libros son ahora el altar sobre el cual se ofrenda a la diosa. Una ferviente multitud lo acompaña. Una lluvia de pétalos cae del cielo. Y frente a ellos, Carolina desnuda, tan hermosa y atrevida  que generaba respeto mirarla.

Él tenía curiosidad de explorarla, no sabía si palpándola perdería su luz. Acaso su cuerpo mortal ensombrecería su belleza. Y el poeta se contuvo. Otros construyen altares alrededor, pero ella no los miraba. Se quedó observándolo a él, que desnudo a un lado de la multitud, no dejaba de contemplarla. Quiso decir algo, sin embargo las palabras se contenían en sus labios. Quiso escribir algo, más el olor y el movimiento de aquellos labios menores que empezaban a abrirse lo perturbaban.

El joven pubis de grueso clítoris y negros vellos eran como una mariposa con las alas abiertas invitándolo a libar el néctar de aquella flor. Para entonces, la multitud enfervorizada había desaparecido y en medio del silencio el poeta contempla el animal que yacía dentro, un animal que lo emparentaba con  la diosa y que lo invitaba a volar dentro de aquella carne divina.

Es medianoche de un once de abril. Hay un extraño silencio y muchos maullidos en la calle.

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