Existen placeres como los pasteles, aquellos hechos con mucha crema, esa que podría estar esparcida en algunas partes del cuerpo, el cuello, el pecho, los pezones, los hombros, la espalda, el vientre deslizándose entre mis piernas. ¡Esas cremas son las más deliciosas!
La inocencia de querer preparar galletas nos llevó a ensuciar más la cocina porque ninguna de las dos sabe hacerlo, lo dejamos en stand by y se nos ocurrió que podíamos dar un mejor uso a los ingredientes.
Primero nos comimos algunas fresas, luego las pecanas que logramos pelar, y finalmente, como adolescentes, empezamos a pasarnos la fruta de boca en boca con besos cada vez más ardientes.
Después nos acariciamos mucho hasta que decidí experimentar: cogí el frasco de crema con una mano y con la otra la tomé por la cintura y la conduje a la habitación.
Después nos acariciamos mucho hasta que decidí experimentar: cogí el frasco de crema con una mano y con la otra la tomé por la cintura y la conduje a la habitación.
Nos besamos, nos quitamos la ropa, nos volvimos a besar, cada una desabrochó el bra de la otra, me solté el cabello, me saqué los lentes y la empujé a la cama. Echadas, ella me besó el cuello y yo le besaba los hombros. Luego subí a su nariz, mejillas y cuello. Me volteó. Me besó desde el tatuaje mediano hasta el tatuaje del tobillo. Me susurró algo que no entendí y le besé el mentón.
Mientras me bajaba el calzón, las manos de R rodearon mis caderas, descendieron por mis piernas y luego subieron hasta mis senos. Me cogía de la almohada para no gritar, pero mis gemidos pudieron más y un sonido fuerte salió de mis labios. Ella me pidió que callara, me puso la mano sobre la boca y yo empecé a lamerle los dedos, uno por uno.
Pasamos varios minutos una encima de la otra, retozando cuando de pronto sonó el timbre una sola vez. No abrimos. Vi el envase de crema y me eché un poco en la mano. Se la puse en la lengua y la saboreó. Cogió el frasco y lo derramó sobre mis senos. Me dio frío pero los lamió y me calenté.
Ella se levantó un poco y esparció mucho más del contenido sobre mi abdomen, en el ombligo y en las piernas. Se empezaba a derretir, pero ella lo supo succionar antes de que ensuciara las sábanas. Cuando llegó al ombligo recordé que siempre me dice que le gustaría fumar marihuana ahí: "No sé como, pero un día fumaré hierba de tu ombligo".
Me gustó tanto la sensación de experimentar con esa sustancia hecha de leche batida que le pedí que me llene la vagina con ella y me tomara una foto."Si deseas la pruebas, sino no importa". Mentí. Era a propósito, quería que su lengua saboreara toda esa crema puesta encima de mi. Quería ensuciarme con todo eso, su saliva y su sudor.
Sí, existen placeres como los pasteles. Y de los otros también.
Sí, existen placeres como los pasteles. Y de los otros también.
Mayo de 2018
Wuao joder si hubiera sabido que era tan rico hacer un pastel lo hubiera echo hace tiempo saludos muy buen post a mi me puso.
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