Por Agnes Caitar
-Doctor ¿tiene los resultados de mi ecografía?
-Por favor diosito, que me diga que es cualquier cosa menos un
embarazo. ¿Cómo se lo diría a mi madre?
Ella me cree la más señorita de todas las primas, soy su reinita, me tiene en
un pedestal.
Seguí creyendo que era católica y rezando a todos los santos que no conozco
hasta que me hicieron pasar a su consultorio. Tenía que ser algo grave. Me
cagué ¿por qué no me dio los resultados y ya? Me voy a morir, es algo
incurable. Carajo, por qué me martirizo.
-¿Señorita me escucha?
-Sí, doctor. Dígame.
Usted tiene dos meses de embarazo. Imagino que por su edad no puedo
felicitarla, pero le recomendaré una dirección solo para usted. Recuerde que
conozco a su madre. Le ruego confidencialidad.
-Putamadre. Ahora sí debo pensar en que puedo morir en cualquier
consultorio clandestino mientras me practiquen el aborto que necesito tener
antes que a mi madre le diera un infarto.
Era jueves y llegué al consultorio. Parecía una clínica dental. Me atendió
una linda chica y luego me pidió que me sacara toda la ropa, enseguida venía el
doctor.
-Todo listo doctor- dijo la joven.
-Buenas tardes
Emma.
Mierda era el
mismo doctor de ayer. Por lo menos no me voy a morir hoy por un mal corte de
cuchillo, pensé.
Septiembre de 2019
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