Por Agnes Caitar
El condón se rompió y buscamos otro. Todo en su cuarto estaba hecho un asco. No podía encontrar nada. Mi botella de agua estaba al lado de sus papeles con moco y una guitarra vieja llena de cucarachas.
A pesar del romance largo que tuvimos, ya no quería estar
con él. Me atraía mucho su cuerpo creado en base a sesiones de pesas y
mancuernas. Pero ese día me decidí. Tenía que contarle la verdad que él no
quería reconocer: me gustaba su hermana y ella alguna vez respondió. Era una
diosa y la deseaba más que a él.
Llegó el día.
Nos fuimos a cenar y empecé a contarle todos mis planes
inmediatos y terminé con la frase: la vida es una sola y debemos arriesgarnos. No
me escuchaba, ya habíamos ordenado y cuando el mozo terminó de dejar la comida,
cerré los ojos y le dije ¡me tiré a tu hermana!
Octubre 2019
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