Por Agnes Caitar
Jamás pensé que me quedaría con el chico que solo usaba para manosearme en la última butaca del cine. Estaba enamorada de ese idiota que fantaseaba en la cama siempre con cosas peligrosas.
La otra noche sacó una navaja para intentar asustarme. Fue un huevón, pero
cómo me arrechó eso. A veces lo retaba a tentar con otras ideas. Será poco a
poco, decía. No pensé que podría ir más allá. Me impresionó.
Después de llegar del cumple de mi mejor amiga empezamos a tirar de manera
frenética. No estábamos tan borrachos. Me pidió sexo anal y lo hicimos. Esta
vez será con algo más, dijo. Desempacó una trompeta. Quedé muda y después de
un rato empecé a jugar. Se asustó y yo dije: ¡qué rico!
Septiembre de 2019
No hay comentarios:
Publicar un comentario